«1) Porque la corriente de nuestro pensamiento social conocida por el nombre de «socialista-revolucionaria» se aparta, y se ha apartado en realidad, de la única teoría internacional del socialismo revolucionario existente en la actualidad, es decir, del marxismo. En la gran división de la –socialdemocracia internacional en oportunista –también «bernesteniana»– [1] y revolucionaria, dicha corriente ha ocupado una posición entre dos sillas, completamente indeterminada e imperdonablemente ambigua, y, basándose solo en la crítica burguesa-oportunista considera el marxismo «debilitado» (vestnik Russkoi Revoliutsii, N.2, pág. 62) [2], comprometiéndose por su parte a «revisarlo» de nuevo a su manera y no haciendo nada para llevar a cabo este amenazador compromiso.
2) Porque la corriente socialista-revolucionaria se rinde impotente ante la orientación dominante en el pensamiento social-político ruso, que debe ser denominada liberal-populista. Repitiendo el error de «La Voluntad del Pueblo» [3] y de todo el viejo socialismo ruso en general, los socialistas-revolucionarios no ven el alejamiento pleno y la contradicción interna de esta orientación, y limitan su obra independientemente en la esfera del pensamiento revolucionario ruso a la simple anteposición de la frase revolucionaria al antiguo testamento de la sabiduría liberal-populista. El marxismo ruso ha minado por primera vez las bases teóricas de la orientación liberal-populista, ha puesto al desnudo su contenido de clase burgués y pequeño burgués, ha llevado y lleva una guerra contra ella, sin turbarse por el paso de un montón de marxistas críticos –oportunistas– al campo de los enemigos. Pero los socialistas-revolucionarios han ocupado y ocupan en toda esta guerra una posición –en el mejor de los casos– de neutralidad hostil, sentándose nuevamente entre dos sillas, entre el marxismo ruso –del que no han adoptado más que mezquinos fragmentos– y la casi-socialista orientación liberal-populista.
3) Porque lo socialistas-revolucionarios, a causa de su indicada carencia total de principios en las cuestiones del socialismo internacional y ruso, no comprenden o no reconocen el único principio verdaderamente revolucionario de la lucha de clases. No comprenden que en la Rusia actual solo puede ser efectivamente revolucionario y verdaderamente socialista el partido que funda el socialismo con el movimiento obrero ruso, que engendra, cada vez con mayor fuerza y amplitud, el capitalismo ruso en desarrollo. La actitud de los socialistas-revolucionarios con respecto al movimiento obrero ruso fue siempre de espectador diletante y cuando, por ejemplo, este movimiento enfermo de «economicismo» [4] –a consecuencia de su desarrollo extraordinariamente rápido–, los socialistas-revolucionarios se alegraban por un lado, con motivo de los errores de los hombres dedicados a la nueva y difícil s tarea de despertar a las masas obreras y, por otro lado, ponían barreras al marxismo revolucionario, que llevó y culminó victoriosamente la lucha contra el economismo. La actitud ambigua ante el movimiento obrero conduce inevitablemente al apartamiento real de él y, a causa de este apartamiento, el partido de los socialistas-revolucionarios carece de base social alguna. No se apoya en ninguna clase social, pues no puede llamar clase a grupo de intelectuales volubles que denominan «amplitud» a su ambigüedad y carencia de principios.
4) Porque desdeñando la ideología socialista y queriendo apoyarse a un tiempo y por igual en la intelectualidad en el proletariado y en el campesinado, el partido de los socialistas-revolucionarios lleva inevitablemente con ello –independientemente de su voluntad– a la esclavización política e ideológica del proletariado ruso por la democracia burguesa rusa. La actitud de desdén por la teoría y de evasivas y vacilaciones en cuanto a la ideología socialista, hace ineluctablemente el juego a la ideología burguesa. La intelectualidad y el campesinado rusos, como capas sociales, comparados con el proletariado no pueden ser apoyo más que del movimiento democrático-burgués. Esta no es solo una consideración que se desprende obligatoriamente de toda nuestra doctrina –según la que, por ejemplo, el pequeño productor es solamente revolucionario en la medida que rompe todos sus lazos con la sociedad de economía mercantil y el capitalismo abraza el punto de vista del proletariado–, no, es además un hecho indudable que comienza a manifestarse ya. Y, en el momento de la revolución política y al día siguiente de dicha revolución, este hecho se manifestara irremisiblemente con una fuerza mucho mayor. El social-revolucionarismo es una de esas manifestaciones de la inconsistencia ideológica pequeño burguesa y de la vulgarización pequeño burguesa del socialismo con la que la social-democracia debe llevar y llevara siempre una guerra resuelta.
5) Porque las propias reivindicaciones programáticas prácticas que los socialistas-revolucionarios han llegado ya a, no diré plantear, sino solo esbozar, han descubierto con toda evidencia el gran daño que acarrea en la práctica la carencia de principios de esta corriente. Por ejemplo, el programa agrario mínimo, bosquejado en el N. 8 de Revoliutsionnata Rossia [5] –¿puede que fuera mejor decir: dispersado entre las trilladas premisas de nuestro populismo?–, primero desorienta al campesinado, prometiéndole como «mínimo» la socialización de la tierra, y a la clase obrera, inculcándole una noción completamente falsa del verdadero carácter el movimiento campesino, tan frívolas promesas no hacen más que comprometer al partido revolucionario en general y, en particular, a la doctrina del socialismo científico sobre la socialización de todos los medios de producción como nuestro objetivo final. Segundo, planteando en su programa mínimo el apoyo y desarrollo de las cooperativas, los socialistas-revolucionarios se apartan por completo del terreno de la lucha revolucionaria y rebajan su sedicente socialismo al nivel del más adocenado reformismo pequeño burgués. Tercero, rebelándose contra la exigencia de la socialdemocracia de destruir todas las trabas medievales, que atan a nuestra comunidad, encadenan al campesino al «nadiel» [6], le privan de la libertad de movimiento y condicionan inevitablemente su estado de humillación estamental, los socialistas-revolucionarios han mostrado con ello que no han podido resguardarse incluso de las doctrinas reaccionarias del populismo ruso.